DANZAR MI SUEÑO: MI CAMINO COMO BAILARINA NÓMADA EN INDONESIA
✨ Español
Mi historia con Indonesia comenzó muchos años antes de pisar sus tierras. En 1997, cuando aún era música de banda y tocaba la trompa, viajé a Holanda como parte de una agrupación para participar en una competición internacional de marcha y concierto. Allí, el universo tejió un hilo invisible que cambiaría el rumbo de mi vida. Conocí a dos jóvenes indonesios: Deddy Machdan (RIP) Borobudur y Desy Eva Carolina de Medan. Nos alojábamos en la misma residencia para músicos y la conexión fue inmediata. Nos reíamos, compartíamos canciones y silencios, y nació una promesa: “Algún día iré a Indonesia a visitaros”.
Esa promesa permaneció viva durante más de dos décadas. A lo largo de los años, nos mantuvimos en contacto a través de cartas escritas a mano que aún conservo. Pero lo más hermoso fue cómo ese pequeño encuentro encendió en mí una llama: una curiosidad profunda por la cultura indonesia. Empecé a estudiar el idioma, a conocer su música, sus paisajes, sus costumbres… y poco a poco Indonesia fue ocupando un lugar muy especial en mi corazón.


En la primera imagen pueden ver a Desy y Boetge cuando nos encontramos en Jakarta, Boetge fue también parte de la historia, una persona muy hospitalaria, en la segunda y tercera foto Deddy en Alcacer, vino a visitarme a Valencia, antes incluso de que yo viniera por primera vez a Indonesia.
Finalmente, en 2018, cumplí la promesa que me hice a mí misma. Llegué por primera vez a Java, luego viajé a Sumatra, y finalmente encontré en Bali un hogar espiritual.
Tuve la oportunidad de bailar en Jakarta y en Bali, en Shisha Café, especial agradecimiento a Daood Debu y a Nabila, mi puerta de entrada a la danza oriental en Indonesia.
Fue como si todo lo que había soñado cobrara vida de golpe. La espiritualidad del pueblo balinés, su relación con la naturaleza, la belleza que se respira en cada ceremonia, en cada flor de frangipani (mi favorita), me abrazaron con fuerza. Sentí que estaba donde debía estar.
Mi historia como bailarina nómada
Mi viaje artístico comenzó mucho antes, en mi juventud. Desde hace más de 24 años me dedico a la danza oriental, danzas latinas, zamba, flamenco oriental y fusión. He sido profesora universitaria durante más de una década, y he bailado en escenarios de Europa, Asia y América Latina. Mi vocación es enseñar, transmitir, conectar con otras almas a través del movimiento. La danza ha sido mi forma de vivir, de amar, de sanar.
Pero fue al convertirme en bailarina nómada cuando entendí el verdadero poder de este arte. Quise llevar la danza a todos los rincones del mundo: a quienes pueden pagar una clase y a quienes no; a niños, ancianos, mujeres, hombres, artistas, soñadores. Para mí, la danza es universal. Es medicina. Es belleza. Es transformación.
Vivir como artista itinerante no es fácil, pero es profundamente enriquecedor. He aprendido a adaptarme a culturas, a idiomas, a realidades muy diferentes. He bailado en bodas, en playas, en hoteles de lujo, en aldeas remotas. Cada lugar me ha regalado una enseñanza.
Bailar en Indonesia
Bailar en un país tan espiritual y diverso como Indonesia ha sido una bendición inmensa. Este lugar me ha permitido conectar con una dimensión más profunda de mi arte. Aquí, la danza no es espectáculo vacío; es ritual, es rezo, es comunión. Me he sentido acogida, valorada y profundamente inspirada.
Vivir en Bali, en particular, ha sido una experiencia mágica. Pero merece un capítulo aparte. Por eso, pronto escribiré otro artículo más concreto sobre cómo es realmente la vida como bailarina extranjera en Bali: los desafíos legales, el tipo de eventos, la convivencia con la comunidad local, el equilibrio entre respeto cultural y expresión artística.
Por ahora, solo diré que cada día aquí es un aprendizaje. Desde gestionar mi visado artístico con responsabilidad, hasta integrarme en una comunidad que honra el arte como forma de vida. Bali me ha mostrado que es posible vivir desde el corazón, y desde la danza.
Mensaje a otras/os bailarinas/es
Si algo he aprendido en todos estos años es que los sueños no se equivocan. A veces tardan, a veces nos ponen a prueba, pero siempre nos llaman. Por eso, mi consejo es: lánzate. Ya sea que estés sola, en pareja, con amistades o familia… atrévete a apostar por tu pasión.
No tienes mucho que perder. Siempre se puede volver. Pero si lo haces, si te atreves, vivirás una experiencia que transformará tu alma. La danza no entiende de fronteras. Es un idioma antiguo, sagrado, que todos reconocemos aunque nunca hayamos tomado una clase.
Yo decidí convertirme en bailarina nómada para llevar el arte a todos los rincones posibles. No solo a quienes pueden pagar, sino también a quienes nunca imaginaron que el arte podía pertenecerles. Y así sigo, danzando por calles, escuelas, teatros y playas, con el corazón abierto, compartiendo lo que soy.
Mi vida no es perfecta, pero es auténtica. Y eso me basta.
Próximamente: “Bailar y vivir en Bali como extranjera: guía honesta para artistas nómadas”
English
My story with Indonesia began many years before I ever set foot on its land. In 1997, when I was still a band musician playing the French horn, I traveled to the Netherlands as part of a group to participate in an international marching and concert competition. There, the universe wove an invisible thread that would change the course of my life. I met two young Indonesians: Deddy Machdan (R.I.P.) from Borobudur and Desi Eva Carolina from Medan. We stayed in the same residence for musicians, and the connection was immediate. We laughed, shared songs and silences, and a promise was born: “One day, I’ll visit you in Indonesia.”
That promise stayed alive for more than two decades. Over the years, we kept in touch through handwritten letters that I still keep. But the most beautiful part was how that brief encounter ignited a flame in me: a deep curiosity for Indonesian culture. I began to study the language, to explore its music, landscapes, and traditions… and little by little, Indonesia took a very special place in my heart.
In the first picture, you can see Desy and Boetge when we met in Jakarta. Boetge was also part of the story, a very hospitable person, in the second and third photos, Deddy in Alcacer, he came to visit me in Valencia, even before I came to Indonesia for the first time. (photos above at the beginning)
Finally, in 2018, I fulfilled the promise I made to myself. I arrived in Java first, then traveled to Sumatra, and eventually found a spiritual home in Bali.
I had the opportunity to dance in Jakarta and Bali, at Shisha Café, special thanks to Daood Debu and Nabila, my gateway to oriental dance in Indonesia. It was as if everything I had dreamed of suddenly came to life. The spirituality of the Balinese people, their connection to nature, and the beauty present in every ceremony, as well as in every frangipani flower (my favorite), deeply embraced me. I felt I was exactly where I was meant to be.
My Journey as a Nomadic Dancer
My artistic path began much earlier, in my youth. For over 24 years, I’ve dedicated myself to belly dance, Latin dances, zamba, oriental flamenco, and fusion styles. I was a university professor for more than a decade, and I’ve danced on stages across Europe, Asia, and Latin America. Teaching, sharing, and connecting with other souls through movement is my calling. Dance has been my way of living, loving, and healing.
But it was when I became a nomadic dancer that I truly understood the power of this art. I wanted to bring dance to every corner of the world: to those who can pay for a class and those who can’t; to children, elders, women, men, artists, dreamers. For me, dance is universal. It’s medicine. It’s beauty. It’s a transformation.
Living as an itinerant artist is not easy, but it is deeply enriching. I’ve learned to adapt to cultures, languages, and very different realities. I’ve danced at weddings, on beaches, in luxury hotels, and remote villages. Each place has given me a unique lesson.
Dancing in Indonesia
Dancing in a country as spiritual and diverse as Indonesia has been an immense blessing. This land has allowed me to connect with a deeper dimension of my art. Here, dance is not an empty spectacle; it is a ritual, a prayer, a communion. I’ve felt welcomed, appreciated, and deeply inspired.
Living in Bali, in particular, has been a magical experience. But that deserves its chapter. Soon I’ll write another, more focused article about what it’s really like to live as a foreign dancer in Bali: legal challenges, event types, life within the local community, and the balance between cultural respect and artistic expression.
For now, I’ll just say that every day here is a lesson from managing my artist visa responsibly to integrating into a community that honors art as a way of life. Bali has shown me that it’s possible to live from the heart and dance.
Message to Other Dancers
If there’s one thing I’ve learned through all these years, it’s that dreams don’t make mistakes. Sometimes they take time, sometimes they test us, but they always call us. So my advice is: go for it. Whether you’re alone, with a partner, with friends, or with family… dare to bet on your passion.
You don’t have much to lose. You can always go back. But if you do it—if you leap—you’ll live an experience that will transform your soul. Dance knows no borders. It is an ancient, sacred language that we all recognize, even if we’ve never taken a class.
I chose to become a nomadic dancer to bring art to every possible corner. Not only to those who can afford it, but to those who never imagined art could belong to them. And so I continue—dancing in streets, schools, theaters, and beaches—with an open heart, sharing who I am.
My life is not perfect, but it is authentic. And that’s enough for me.
Coming soon: “Dancing and Living in Bali as a Foreigner: An Honest Guide for Nomadic Artists”
Terjemahan Bahasa Indonesia
Kisah saya dengan Indonesia dimulai bertahun-tahun sebelum saya menginjakkan kaki di tanahnya. Pada tahun 1997, ketika saya masih menjadi musisi orkes dan bermain French horn, saya pergi ke Belanda sebagai bagian dari grup untuk mengikuti kompetisi internasional marching dan konser. Di sana, semesta menenun benang tak kasat mata yang akan mengubah arah hidup saya. Saya bertemu dua pemuda Indonesia: Deddy Machdan dari Borobudur dan Desy Eva Carolina dari Medan. Kami tinggal di asrama yang sama untuk para musisi, dan koneksi kami terjadi seketika. Kami tertawa, berbagi lagu dan keheningan, dan terciptalah sebuah janji: “Suatu hari aku akan mengunjungi kalian di Indonesia.”
Janji itu tetap hidup selama lebih dari dua dekade. Selama bertahun-tahun, kami tetap berhubungan lewat surat tulisan tangan yang masih saya simpan hingga kini. Tapi yang paling indah adalah bagaimana pertemuan singkat itu menyalakan api dalam diri saya: rasa ingin tahu yang dalam terhadap budaya Indonesia. Saya mulai belajar bahasanya, mengenal musiknya, lanskapnya, adatnya… dan perlahan, Indonesia menempati tempat yang sangat istimewa di hati saya.
Pada gambar pertama terlihat Desy dan Boetge saat kami bertemu di Jakarta, Boetge juga ikut ambil bagian dalam cerita, orangnya sangat ramah tamah, pada foto kedua dan ketiga Deddy di Alcacer, dia datang mengunjungi saya di Valencia, bahkan sebelum saya datang ke Indonesia pertama kalinya. (foto di atas di awal)
Akhirnya, pada tahun 2018, saya memenuhi janji yang saya buat untuk diri saya sendiri. Saya tiba pertama kali di Jawa, lalu bepergian ke Sumatra, dan akhirnya menemukan rumah spiritual saya di Bali.
Saya berkesempatan menari di Jakarta dan Bali, di Shisha Café, terima kasih khusus kepada Daood Debu dan Nabila, pintu gerbang saya menuju tari oriental di Indonesia. Rasanya seperti semua impian saya menjadi nyata secara tiba-tiba. Spiritualitas masyarakat Bali, hubungan mereka dengan alam, keindahan yang terasa di setiap upacara, di setiap bunga kamboja (favorit saya), memeluk saya dengan hangat. Saya merasa saya berada di tempat yang seharusnya.
Perjalanan Saya sebagai Penari Nomaden
Perjalanan artistik saya dimulai jauh sebelumnya, saat saya masih muda. Selama lebih dari 24 tahun saya telah mendedikasikan diri pada tari perut, tarian Latin, zamba, flamenco oriental, dan gaya fusi. Saya pernah menjadi dosen universitas selama lebih dari satu dekade, dan telah menari di panggung-panggung di Eropa, Asia, dan Amerika Latin. Mengajar, berbagi, dan terhubung dengan jiwa-jiwa lain melalui gerakan adalah panggilan saya. Tari adalah cara saya hidup, mencinta, dan menyembuhkan.
Namun, saat saya menjadi penari nomaden, saya benar-benar memahami kekuatan sejati dari seni ini. Saya ingin membawa tarian ke setiap sudut dunia: kepada mereka yang mampu membayar kelas dan yang tidak; kepada anak-anak, orang tua, perempuan, laki-laki, seniman, pemimpi. Bagi saya, tarian itu universal. Itu adalah obat. Itu adalah keindahan. Itu adalah transformasi.
Hidup sebagai seniman pengembara memang tidak mudah, tetapi sangat memperkaya. Saya telah belajar beradaptasi dengan budaya, bahasa, dan realitas yang sangat berbeda. Saya pernah menari di pesta pernikahan, di pantai, di pura, di hotel mewah, dan di desa terpencil. Setiap tempat memberi saya pelajaran unik.
Menari di Indonesia
Menari di negara yang sangat spiritual dan beragam seperti Indonesia adalah berkah yang luar biasa. Tanah ini memungkinkan saya terhubung dengan dimensi yang lebih dalam dari seni saya. Di sini, tari bukan sekadar tontonan kosong; ini adalah ritual, doa, dan persekutuan. Saya merasa diterima, dihargai, dan sangat terinspirasi.
Tinggal di Bali, khususnya, adalah pengalaman yang magis. Tapi itu pantas mendapat satu bab tersendiri. Karena itu, saya akan segera menulis artikel lain yang lebih khusus tentang seperti apa hidup sebagai penari asing di Bali: tantangan hukum, jenis acara, hidup berdampingan dengan masyarakat lokal, serta keseimbangan antara rasa hormat budaya dan ekspresi artistik.
Untuk saat ini, saya hanya ingin mengatakan bahwa setiap hari di sini adalah pembelajaran. Mulai dari mengurus visa seni dengan tanggung jawab hingga berbaur dengan komunitas yang menghormati seni sebagai cara hidup. Bali telah menunjukkan kepada saya bahwa hidup dari hati—dan dari tarian—adalah mungkin.
Pesan untuk Penari Lain
Jika ada satu hal yang saya pelajari selama bertahun-tahun ini, itu adalah bahwa mimpi tidak pernah salah. Kadang mereka butuh waktu, kadang menguji kita, tapi mereka selalu memanggil kita. Jadi, saran saya adalah: lakukanlah. Entah kamu sendiri, bersama pasangan, teman, atau keluarga… beranilah untuk mengikuti hasratmu.
Tidak banyak yang bisa kamu rugikan. Kamu selalu bisa kembali. Tapi jika kamu melakukannya—jika kamu berani—kamu akan mengalami sesuatu yang akan mengubah jiwamu. Tarian tidak mengenal batas. Ia adalah bahasa kuno dan sakral yang kita semua kenali meski tak pernah belajar secara formal.
Saya memilih menjadi penari nomaden untuk membawa seni ke setiap sudut yang mungkin. Bukan hanya kepada mereka yang mampu membayar, tetapi juga kepada mereka yang tidak pernah membayangkan bahwa seni bisa menjadi milik mereka. Dan saya terus menari—di jalanan, sekolah, teater, dan pantai—dengan hati terbuka, berbagi siapa diri saya.
Hidup saya tidak sempurna, tapi tulus. Dan itu sudah cukup bagi saya.
Segera hadir: «Menari dan Tinggal di Bali sebagai Orang Asing: Panduan Jujur untuk Seniman Nomaden»


